jueves, 26 de marzo de 2020

Fin de la cuarentena +18


Hace casi 2 meses que no nos vemos. La cuarentena ha sido larga al final, larguísima. Estoy en mi casa esperando tu llegada. Cada minuto que pasa se me hace eterno, ya he esperado demasiado, no quiero esperar más. Necesito que llegues ya, te echo mucho de menos. Echo de menos tu sonrisa, tus abrazos, tus besos… todo. Mi imaginación es extensa cuando tu eres el protagonista, pero nada supera la realidad y yo necesito una buena dosis de ella.

Hace casi dos horas que me has dicho que salías, tienes que estar al caer ya, y yo no puedo esperar más, el tiempo de espera se pasa muy lento.

¡¡Riiiiiiing!!

Pego un bote en el sofá. Odio este timbre. Cuatro años en este piso y aun sigo asustándome cuando alguien llama. Llaman poco, supongo que por eso me asusto tanto.

Después de quejarme por el timbre me sereno y voy a abrir.

¡¡Riiiiing!!
  • Joder, ya voy. ¿Si?
  • Soy yo, abre.

Te abro, estoy feliz, ya estas aquí, en medio minuto te voy a ver. Es lo que tarda el maldito ascensor en subir. Es rápido la verdad, pero en estas situaciones considero que demasiado lento. Tiene que entender que hace demasiado que no te veo y que tiene que ir más rápido.

Clong.

El ascensor ya ha llegado, abres la puerta y no puedo evitarlo, salgo corriendo a abrazarte, y casi nos caemos. Suerte que tu tienes buen equilibrio.
  • ¡Ey!  ¿Déjame llegar al menos no?
  • Nop. – Te digo muy convencida.

Te sonrío, te cojo de la mano y te llevo a dentro. Entonces cierras la puerta, me tiras hacia ti y me besas.

Joder que ganas tenía de besarte.
  • Ahora si he llegado.
  • Vale, pero la próxima vez no llames dos veces, que sabes que el timbre me asusta.
  • Lo siento, no podía esperar, tardabas mucho.

Te miro con desconfianza, se que una parte de lo que me dices es verdad, pero sé que también lo has hecho por que te hace gracia que me asuste con el maldito timbre.

Vamos hacia el salón y te tiras en el sofá, estas reventado después del viaje, pero a mi eso no me sirve, ya descansaras en otra ocasión, ahora no es el momento. Como veo que no te vas a mover decido empezar a provocarte a ver si así se te pasa un poco tu cansancio.

Como ya es tarde y tengo la ventana abierta entra una brisa agradable, que hace que yo me haya puesto una sudadera finita. No me gustan las brisas. Pero decido quitármela. Debajo solo llevo un top negro muy escotado. Tu me has mirado de refilón y has sonreído. Sabes lo que estoy intentando hacer, pero de momento sigues con lo tuyo, quieres saber hasta donde puedo llegar. Entonces tengo una idea.

Me tumbo encima de ti, apoyando mi cabeza en tu regazo y las piernas dobladas. Llevo una falta, así que es fácil que esta se baje tal como estoy colocada.

Me vuelves a mirar de refilón, pero esta vez no a mí, sino a mis piernas y a mi falta que cubre lo justo para que no se vea nada. Me pongo de lado y empiezo a acariciar tus piernas. Como veo que sigues sin reaccionar me giro hacia el otro lado y me separo un poco de tu abdomen.

Subo la mirada y allí estas tú. Mirándome. Sabes que no voy a parar hasta que consiga lo que quiera, pero te gusta hacerme sufrir, así que vuelves a fijar tu mirada en el televisor. Finges que lo miras, se que no le estas prestando atención, lo que hay puesto no te gusta.

Entonces yo sigo con mi plan. Pero debido a la posición que tengo no puedo hacer muchas cosas, así que me levanto y me siento encima de ti.

-        Sigue mirando la tele, tu tranquilo, solo quiero comprobar una cosa.

Sonrío. Con una de esas sonrisas que tu no comprendes, pero que siempre tengo en mi cara cuando estoy contigo.

Coloco tus manos por debajo de mi falda y las mías en tu pantalón. Logro desabrocharte el botón con facilidad. Bajo la cremallera lentamente e introduzco mis dedos dentro de tus calzoncillos. Solo los dedos, quiero provocarte. Que hagas algo.

Tus dedos empiezan a moverse por debajo de mi falta. Bien. Ya has reaccionado. Y tu entrepierna también.

Ahora es hora de hacerte sufrir. Quito mi mano de tus calzoncillos y me levanto.

Tu me miras sorprendido. No entiendes que estoy haciendo. Yo te sonrío, pero esta vez es una sonrisa juguetona.
  • Si quieres que sigamos venme a buscar.

Estoy en el otro extremo del sofá, medio tumbada con las piernas un poco flexionadas, pero no lo suficiente para que tu no puedas alcanzarme. Me miras fijamente. Te he declarado la guerra y tú has aceptado. Pero haces algo que no esperaba. Te levantas y te pones de pie a mi lado. Entonces de acercas a mí y me levantas. Estamos los dos de pie. Pero entonces te vuelves a agachar y me coges como si fuera un saco de patatas.
  • ¿Qué haces?
  • ¿No querías jugar? Pues juguemos.

Me llevas a la habitación y cuando llegamos me dejas otra vez en el suelo.
  • Gracias.

Me arreglo la falda y te miro. Tu te giras y cierras la puerta. No hay nadie en la casa, pero supongo que es la costumbre.

Al volverte me miras y me diriges a la pared. Te apoyas con una mano en ella y con la otra me coges la cara y me besas. Yo acerco todo tu cuerpo hacia mí. Seguías estando muy lejos. Ahora mismo no te quiero ni a un centímetro lejos de mí. Solo para quitarte la ropa, y es lo que hago. Tu camiseta me molesta, me separa de ti, así que te la quito, al igual que los pantalones, que ya estaban desabrochados. Menos faena para mí. Ahora estas en calzoncillos. Perfecto.

Te toca a ti quitarme mi ropa, pero en vez de eso me haces dar media vuelta. Estoy mirando la pared. No entiendo nada. Pero entonces me empiezas a besar el cuello y ya no me importa. Metes una mano por debajo de mi top, pero este es muy ajustado y acabas quitándomelo. Me sigues besando y acariciando el pecho con una mano, mientras que con la otra vas bajando muy despacio hacia meterte debajo de mi falta de nuevo.

Sin dejar de besarme me quitas las bragas y me quedo únicamente con la falda. Al volver a subir, tu mano roza mi entrepierna y yo me estremezco de placer. No quiero que pares. Cuando vuelves a juntar tu cuerpo con el mío noto que ya no llevas calzoncillos. Así el roce es mayor, al igual que el placer.

Mientras tanto tu mano sigue en mi entrepierna, rozando… provocando… Hasta que introduces dos dedos en mí.

Yo suelto un pequeño gemido de placer y tu como respuesta sigues moviendo los dedos hacia dentro y hacia fuera mientras yo te acompaño con mis caderas.

Inclino mi cabeza hacia atrás par que me puedas ver y hago un movimiento que nos deja tu apoyado en la pared y yo delante de ti. Ahora no hay peligro de inclinarme hacia ti y caernos, y la presión que puedes hacer tu es mayor.

Yo te sigo mirando, tengo mi cabeza al lado de la tuya. Entonces con el pulgar de la otra mano me acaricias el labio inferior de la boca y yo la dejo entreabierta. Me sigues acariciando el labio inferior, pero esta vez con los dedos índice y corazón, que lentamente vas introduciendo en mi boca. Una vez están dentro cierro la boca y juego con ellos mientras tu sigues jugando abajo.

Estoy en éxtasis. Mi cuerpo no responde, solo está disfrutando del momento. Un momento que hacía semanas que esperaba.

Entre tanto placer tengo un momento de lucidez y me viene una idea a la cabeza. Te pido que cojas un condón y tu me haces caso. Entonces me inclino hacia delante y pongo las manos en la pared. Tú has entendido perfectamente lo que quiero hacer y lo haces.

Te pones detrás mío, me coges de las caderas y en ese momento noto como entras dentro de mí. Yo arqueo la espalda y me apoyo con las manos en la pared. Tu me sujetas la cadera con una mano y la otra la pones en mi hombro para hacer más fuerza.

Los dos estamos disfrutando del momento, cada vez nos movemos más deprisa, con más pasión… más excitados… más… más… no puedo ni pensar, estoy demasiado excitada para hacerlo… y tampoco lo necesito… solo me relajo y disfruto de la noche…

No hay comentarios:

Publicar un comentario